09.12.2017

Mucha fuerza hay que tener para poder creer sin desfallecer.
Sintiendo los elementos atentos entre tus dedos como si fuera ayer.
Saboreando el tiempo concreto en cada acuerdo que brota de tu propio ser.
Escogiendo la estructura por la que te elevas y luego desciendes para no volver.

Allí, donde resopla, la fuente de la creación nunca se agota, es lo que es.
Saliendo y entrando en la misma estancia que no hace otra cosa que amanecer.
Busco y encuentro en todos lados la mirada perdida de tu anochecer.
Sin embargo, florece oblicua la película, sal picada de miel.

Atrapo, la frase incorrecta raspando la armonía de la cabeza al pie.
Me la saco, la poesía brillante que deslumbra y alumbra la bombilla del revés.
Incipiente, comúnmente valiente, todas las nostalgias en una, qué vas a hacer.

¿Poner una lápida al jazmín de sátiva que amorosea con preciosa piel?
¿Negar la lámina que revolotea, apátrida, hacia el eterno edén?
No seré yo quien cierre la puerta al reposo gozoso del amor que es bien.

Sergio Arboleda Rodríguez

 

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