Del desarrollo de la conciencia política

La conciencia política se puede desarrollar. Igual que uno puede desarrollar sus conocimientos sobre árboles o metalurgia.

La primera palabra que nos encontramos es ‘conciencia’. Conciencia, tal y como la entiendo, es ‘darse cuenta’. Ser conscientes es ‘darnos cuenta’.

Un ‘darnos cuenta’ continuo, refrescante, situado en el momento presente, es un un desarrollo consciente, una actividad consciente. Y eso, asociado a la política, es una bomba.

Es una bomba porque cuando la luz, la visión, el conocimiento la perspectiva de la conciencia se sitúa sobre la política, todo, absolutamente todo se viene abajo, se derrumba, y lo que surge es una nueva forma de entender la política.

¿Qué entiendo por política? La organización social comunitaria para una supervivencia en armonía. No suena tan revolucionario como se presentaba. Pero antes de seguir hablando de política, es necesario aplicar la conciencia.

Conciencia política no es creer lo que nos han dicho que debemos creer. El desarrollo de la conciencia es un ejercicio científico, en el que vamos dudando de todo para encontrar qué son las cosas, es una actividad filosófica, energética, sí, vivencial, sí, pero contemplativa.

“Hijo, tú eres español, porque has nacido en España. O catalán, porque naciste en cataluña.” Eso no es conciencia política, eso es engaño, con o sin amor, es engaño.

La conciencia nos lleva a definir, averiguar lo que uno es. Uno de los caminos es la vía de lo que ‘uno no es’.

Uno es un ser vivo, que nace en algún lugar, vive en ese u otro lugar, crece relacionándose con el entorno, y más allá. A partir del siglo XXI, nuestro entorno también se puede componer gracias a los puentes digitales con otras personas y conocimientos.

Nada de todo esto tiene que ver con Estado, nación, patria ni conceptos similares. Los cuales, resultan muy aberrantes, realmente, inmorales, ya que atentan contra la naturaleza del ser humano, y la vida en general.

Marcar unos límites geomentales a un niño, diciéndole, este es tu país, es horrible. Se le está marcando de por vida. ¿A quién le gusta marcar seres vivos y poner límites al campo? A los ganaderos, cuanto más rico es el ganadero, más territorio y ganado posee.

Una vaca puede luchar por lo que la vaca considera que es su territorio. Desde luego algo infinitamente más local en comparación con el territorio considerado por el ganadero.

Sin embargo, un ser humano sí puede luchar y defender hasta con su muerte el territorio de su ganadero. Gracias a esa marca de nacimiento, con la que el bebé crece, se funde, y termina por amar como propia.

La conciencia política nos lleva a liberarnos de todos esos conceptos en los que hemos nacido para, desde uno mismo, arrancar desde cero. Iniciar un trato directo, personal, con las personas con las cuales nos relacionamos, sin los límites y prejuicios que conllevan los conceptos heredados.

Uno puede tener clara la visión política pero a la hora de la acción encontrarse con que es prácticamente imposible llevar a cabo nuestra visión. Pero ya no porque el mundo lo ponga difícil, si no porque nosotros mismos, debido a tantos años de comportamiento aprendido, repetimos los patrones con los que no estamos de acuerdo.

Surge la contradicción, la incoherencia política. Somos nuestro boicoteador número uno.

¿Cómo sobrevivir en armonía cuando nuestra propia incoherencia vital nos desequilibra? Bien, ahí tenemos un punto real de partida, a partir de ese punto, retomamos nuestras relaciones con el resto, nuestra manera de organizarnos laboralmente, aunque ese trabajo alimente el sistema que no aprobamos.

Nuestro día a día, es un vivir con nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo, en la calle, con la gente que nos encontramos. Ahí es donde hacemos política, en el día a día, es donde vamos a poner en práctica las conclusiones de nuestra conciencia política.

Es lógico, que haya una pizca, una variable de lucha social en todo esto. Es normal que cueste un pequeño esfuerzo. como sucede en todo el resto de parcelas en la vida. Pero si uno tiene claro el centro, el sentido, la motivación, el por qué y el para qué, el esfuerzo deja de ser sacrificio, y pasa a ser acción, acción real revolucionaria.

Si, por ejemplo, oímos un chiste racista, y nos cambia la cara, y  NO nos reímos, porque tenemos conciencia política al respecto de lo que implica hacer un ‘simple e ingenuo chiste racista’, nuestro cortarollos, nuestro no participar activo en ese momento, ejerce una influencia sobre la totalidad. Puede parecer insignificante, pero es muy potente.

Si no solo nos desconectamos de esa corriente sino que además notamos fluidez para comentar, ‘uf chiste racista’, sabiendo lo que viene tras nuestro comentario, ‘solo es un chiste’, ‘yo no soy racista’, ‘a cualquier cosa cosa llaman racista’, ‘solo es humor’, ‘ya no se puede hablar sobre nada’, etc etc etc…. entonces, estamos siendo aún más revolucionarios.

Parece que al manifestarnos más claramente estamos alimentando la bestia que queremos disolver, pero solo estamos provocando su puntual muerte, se revelará, saldrá, siguiendo el ejemplo, a la luz, todo el racismo inconsciente de nuestro interlocutor o grupo en el que estemos, y voila, habremos visibilizado el momento con una nueva conciencia política, que afectará directamente en nuestra comunidad de trato habitual.

Desde guardar silencio y no querer hablar sobre tal enfoque de tal tema concreto, hasta la discusión acalorada, todo es válido. Y, a veces, es más potente, un profundo silencio en desacuerdo, que una reacción pasional. Sin embargo, tarde o temprano, es necesario expresar lo que uno siente, lo que uno opina, y aportar nuestra visión al respecto.

No podemos vivir eternamente en una burbuja autista, si no expresamos nuestra aportación nos desequilibraremos. Entonces es cuando el valor, el sentido biológico para nuestra supervivencia estable, nos hace hablar, ese valor, nos vuelve valientes, y actuamos: compartimos.

 

 

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