Cómo Google y compañía desarrollan shows de Truman a la carta

Te puede haber pasado. Haces una búsqueda en, por ejemplo, Amazon, ‘sillas fluorescentes’ y resulta que durante unas semanas ves ofertas similares en tu muro de Facebook, o en una web sobre agricultura, que nada tiene que ver con ‘sillas fluorescentes’.

Gracias a la monitorización de datos y acciones que hacemos en internet se genera un intercambio de información que las grandes empresas utilizan. Según avance la ‘inteligencia artificial’ este proceso irá llegando a límites propios de una película mala de ciencia ficción.

Pensemos en la vida de un bebé que nace en pleno rendimiento algorítmico de la Big Data. Internet conoce la clase social a la que pertenece el niño, los gustos y aficiones de sus padres, familiares y amigos, dónde van, momentos álgidos de consumo.

Es decir, hay una serie de patrones que predefinen un patrón para ese niño que igual ni ha nacido aún. Pero internet ya lo tiene todo listo para ir realizando una serie de sugerencias, algunas más sutiles que otras, sobre qué regalarle en navidad, por su cumpleaños, si es tu sobrino.

El niño crece, no importa si es un rebelde nato, alguien nacido para revolucionar el mundo. Este tipo de patrón ha sido detectado, analizado y manipulado mucho antes de que internet existiera.

Digamos que sucede algo imprevisto, algo que modifica su comportamiento, y el niño, adolescente, joven pasa de querer ser aviador a interesarse por la horticultura. No hay problema, para ese tipo de cambios se desarrolla la inteligencia artificial.

La cuestión es que ese niño o adulto recibe en todo momento de manera instantánea aquello que ni siquiera a comenzado a desear, en su justo momento. A lo show de Truman.

Pongamos solo 20 años de Big data e inteligencia artificial. 20 años son muchos años, hay mucho aprendido y mucho desarrollado.

No importa qué nos depare la vida en el futuro, todo está ya analizado, pase lo que pase, hay una sugerencia esperándonos. El mero hecho de movernos provocará la sugerencia.

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